Palabras del Dr. Raúl Garcés en inauguración de ICOM 2015

ICOM 2015 y el IX Congreso de ULEPICC son ya un hecho. La Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana y la Unión Latina de la Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura concretan hoy un esfuerzo de meses, que cristaliza en esta sala con la participación de más de 400 investigadores de una veintena de países, y de personalidades relevantes en nuestros ámbitos, procedentes de Iberoamérica, Estados Unidos y Europa.

Están lejos los días en que ICOM veía la luz, en 1996, dentro de un pequeño recinto custodiado por las aguas del Malecón Habanero. Entonces éramos pocos y cabíamos en un lugar muy pequeño. Casi 20 años después llegamos al Centro de Convenciones más importante de Cuba, lo que, en materia de símbolos, podría equivaler a salir de la adolescencia y conquistar la madurez. Es bueno que el evento se haga adulto, justo cuando la Información y la Comunicación ganan cada vez más protagonismo en nuestros contextos.

No es casual que se hable hoy con tanta fuerza de Comunicación para el Desarrollo, Comunicación para el Cambio Social, o Comunicación alternativa. Las discusiones de la UNESCO sobre un nuevo orden de la Información, que se apagaron en medio del velo neoliberal de los años 80, ahora resurgen con energía y demandan políticas, estructuras y marcos jurídicos ajustados a los nuevos tiempos.  El informe McBride, demonizado entonces por las trasnacionales mediáticas como una “agresión cultural” o un “monstruo repudiable” sobrevuela ahora nuestras tierras y se traduce en la intención o en el resultado de articulaciones, redes y políticas infocomunicativas más democráticas.

Algunos podrían creer que los enfoques de la economía política crítica forman parte del pasado y, por ende, ayudan poco a entender y explicar estos temas en el presente. Todos los reunidos aquí, sin embargo, apostamos a la actualidad y legitimidad de ese debate. El mundo del siglo XXI, si bien abre oportunidades para dar la batalla en el terreno simbólico, sigue marcado por asimetrías y diferencias, por un abismo entre la dominación cultural de los grandes centros de poder y la indefensión en la producción comunicativa de los países más pobres. Y, lo que es peor, está marcado por una suerte de “habitus” que naturaliza las desigualdades como si fueran males necesarios de las sociedades contemporáneas.  En estos días, discutiremos sobre lo que no se ve de las industrias culturales: la economía detrás, la política detrás, el poder detrás, que condiciona la configuración de los contenidos y la estructura de los procesos infocomunicativos. Ojalá que no solo avancemos en diagnósticos o inventarios críticos sobre nuestras realidades, sino también en propuestas duraderas y trascendentes. Ahora que somos menos ingenuos que hace 20 años, hay que apurar en paso en generar teoría crítica y generar símbolos funcionales a lo más progresista y contrahegemónico de nuestras sociedades.

ICOM 2015 y el IX Congreso de ULEPICC pueden hacer contribuciones importantes a ese propósito. No desperdiciemos la oportunidad de habernos encontrado aquí, ni desaprovechemos el lujo que representa tener entre nosotros a figuras esenciales del mundo de la información y la comunicación. No puedo mencionarlos a todos, pero agradezco, en nombre de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, la humildad y el entusiasmo con el que respondieron a nuestra convocatoria.  Y tengo que agradecer especialmente que, contra viento y marea, problemas de salud, agendas de trabajo sobrecargadas, vengan a reencontrarse con Cuba un hombre y una mujer excepcionales, de una solidaridad a toda prueba con Cuba y su Revolución. Pido que reconozcamos con nuestro aplauso a Armand y Michele Mattelart.

La Cuba que los recibe está ansiosa por escucharlos, aprender de ustedes y compartir al mismo tiempo, con humildad y respeto, sus experiencias. Nuestro país ha iniciado un proceso de transformaciones que otorga cada vez más relevancia a la Información y la Comunicación como procesos transversales a la gestión de su desarrollo. Las empresas, los ministerios, los diferentes organismos de la Administración Pública, actualizan sus estructuras y sus modos de generar consenso hacia su interior y hacia la sociedad. Es un desafío que enfrentaremos mejor si lo confrontamos con otras maneras de hacer, si intercambiamos buenas prácticas, si lo insertamos dentro de un contexto de diálogo científico con el pensamiento de la región. 

La Cuba que los recibe es también un país hospitalario, instruido, que vive el orgullo de exhibir indicadores de Educación y salud comparables a los de países industrializados, a pesar de las políticas de bloqueo aún vigentes por parte de los Estados Unidos. Desde el pasado 17 de diciembre, los Presidentes Raúl Castro y Barack Obama decidieron dar un giro de timón de 180 grados a la Historia y acordaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas, lo que permitió meses después la apertura de embajadas entre ambos países. Las universidades cubanas y norteamericanas deberíamos estar a la altura de ese proceso y acompañarlo explorando posibilidades de intercambio académico, de publicaciones conjuntas, de mayor acceso al conocimiento para todos. No vamos a avanzar con las viejas agendas –explícitas o agazapadas- de cambio de régimen. Avanzaremos si hacemos ciencia, si fomentamos discusiones honestas, si estimulamos el reconocimiento mutuo entre las comunidades académicas de Cuba y los Estados Unidos. Es ese nuestro espíritu y con él recibimos a los investigadores norteamericanos que nos acompañan.

No puedo terminar estas palabras sin agradecer a todas las organizaciones que han apoyado la celebración de este evento. Hemos comprobado con satisfacción que, más allá de las palabras, la solidaridad de nuestros aliados se concreta en hechos. Gracias a la Universidad de La Habana y a su Rector por desbrozarnos el camino de manera permanente. Gracias al acompañamiento insustituible de la Asociación de Comunicadores Sociales, de la entrañable UPEC, de la UNESCO, de OPS y OMS, de las representaciones diplomáticas de Francia y la Unión Europea en Cuba, de OXFAM, de Ayuda Popular Noruega, del grupo Difusión Científica, de la Oficina del Historiador de la Ciudad, de Copa Airlines, de Bis Music, Havana Club, ETECSA, Cubavisión Internacional, Cubatur, el ICRT. Y gracias, por supuesto, al Palacio de Convenciones, y al comité organizador conjunto –los más veteranos y los más jóvenes, cuyo tiempo ha estado consagrado a generar las condiciones para recibirles esta tarde y decirles por fin una frase que hemos estado esperando durante meses: “Queridos colegas, bienvenidos”.