¿Cuál es el rol de las universidades en la sociedad?

Por: Rubén Padrón Garriga, estudiante de 5to año de Comunicación Social

En el momento preciso en el que la universidad cubana ajusta sus programas de estudio para hacerlos más funcionales a las cambiantes necesidades del país y la época, ICOM 2017 discute sobre el importante binomio formación y desarrollo profesional, polémica que, en varios momentos, trascendió las fronteras de la comunicación y la información para abordar problemáticas más complejas relacionadas con el papel de las universidades en la sociedad, además de la función de la teoría y sus vínculos con la práctica.

Los interlocutores del espacio fueron Gabriel Kaplún, profesor adjunto de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de la República de Uruguay, Carlos Alberto Ávila Araujo, Docente e investigador de la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Federal de Minas Gerais en Brasil, Carlos Alberto Scolari, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra, España. Por la parte cubana los aportes estuvieron dados por Maribel Acosta, periodista, investigadora y profesora de la Facultad de Comunicación, y Radamés Linares, profesor y presidente de la comisión nacional de la carrera Ciencias de la Información. La moderación estuvo a cargo de Gloria Ponjuán, profesora y presidenta del comité académico de ICOM2017.

Scolari se centró en el vínculo de la teoría y práctica, además enunció varias de las tensiones y debates existentes a la hora de conformar o actualizar los programas de estudio. Sobresalieron la contradicción entre la formación teórica-generalista o el desarrollo de competencias concretas, la criticidad de los enfoques, la duración de las carreras con la adopción de los dos modelos más extendidos: uno que plantea tres años de pregrado más dos de maestría, y otro que propone cuatro años de pregrado más uno de maestría.

Además, el académico señaló la encrucijada de asumir el protagonismo en las exigencias del sector público o privado, además de graduar a un investigador, o a un profesional con un oficio práctico. Por último, se refirió al reto que le impone la posmodernidad a la academia, pues los cambios de paradigmas del conocimiento y habilidades se dan cada vez más rápido, lo que obliga a la institución a renovarse de forma constante y sistémica.

Ávila, por su parte, se centró en exponer el panorama de Brasil para la preparación y posibles salidas prácticas de un profesional de la información. Con respecto a esto se refirió a la abundancia de programas de estudio fragmentados, con carreras como bibliotecología, archivística, museología, entre otras, que abogan por la formación de competencias profesionales concretas y enfocadas en los aspectos prácticos. Además, analizó la importancia de las políticas gubernamentales para las posibles salidas de empleo del profesional de la información, que tiene una importante oferta en el sector público —con bibliotecas escolares, archivos, museos, medios científicos… En el caso brasileño valoró como positivas algunas leyes que le exigen a estas organizaciones una gestión de la información desde la profesionalidad. Por último, enalteció el papel de asociaciones y espacios de debate en Latinoamérica para poder constituir una alternativa viable a los paradigmas impuestos desde Europa y Estados Unidos.

Maribel Acosta habló de la experiencia transdisciplinar en la Facultad de Comunicación, que, cada vez más, aboga por integración de diferentes saberes. Entendió a Cuba, como país en tránsito, que actualmente asume el relevo de la generación histórica en lo político, y una nueva reconceptualización de su proyección estratégica que la centra en el desarrollo local.

Por otro lado, especificó nuevos rasgos del contexto actual cubano: como el desarrollo de lo privado y el consiguiente resurgimiento de clases sociales, el acceso a la tecnología —limitado pero creciente— que trae desafíos para los profesionales de la comunicación y la información y los obliga a un análisis de su contexto socioemocional virtual y no virtual, además de reinventar la condición de humanidad y ciudadanía. Para terminar, llamó a la necesidad de rescatar la poesía, la utopía, la cursilería inteligente y la memoria.

Gabriel Kaplún, por otro lado, definió como buena teoría solo aquella que parte de la práctica, por tanto, lejos de desdeñar su función en la producción científica, la convocó a nunca perder sus lazos con la realidad concreta que la circunda. Por esto destacó el papel de las prácticas profesionales en los planes de estudio; que no estén al final, sino que transversalicen el proceso de enseñanza desde los primeros momentos. También puntualizó la necesidad de llevar el espíritu crítico de las universidades a las habilidades y actitudes profesionales de sus egresados.

El profesor y educador popular también reivindicó la “oportunidad creativa de la equivocación” para la búsqueda de soluciones, y el aprendizaje, entendido desde la integración de enseñanza, la investigación y extensión. En este aspecto reconoció la facilidad de la comunicación para integrarse como otros campos como la medicina, las ciencias jurídicas, entre otras. Con respecto al posgrado, lo asumió como una opción viable para el desarrollo profesional, alertó la tendencia de algunos países a sobredimensionar su legitimidad, en detrimento al desarrollo del pregrado, como una vía más de alargar la formación profesional, producto de intereses comerciales o de una concepción demasiado elitista de la educación.

Radames Linares representó el campo académico y profesional en Cuba como la integración de tres grandes campos de conocimiento: la archivística, la bibliotecología y ciencias de la información en singular. Asumió los años 70 como un punto de inflexión para estos espacios, pues los empujaron al diálogo con otros saberes y ampliar sus objetos de estudio que después se complementaron en el término infocomunicación. También recalcó la necesidad de formar un profesional que responda a exigencias que la época impone y se adecue a las circunstancias de los problemas sociales.

La moderadora, profesora Ponjuán culminó el debate resaltando la significación de las asociaciones profesionales como espacios de intercambio, la urgencia de difundir una imagen contemporánea de nuestros campos de actuación, y el papel de la academia en formar competencias sin descuidar las esencias teóricas que le permiten al futuro egresado actuar de forma consiente y responsable.

El intercambio ocurrido toma especial interés en un momento en que las máximas instancias del país reclaman a la academia formar parte más activa de la vida social, algo acentuado con la evolución de muchas carreras universitarias a un plan E, y la consiguiente adopción de un formato de cuatro años con su fortaleza en la práctica profesional activa desde el inicio hasta el final del período docente.